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Alimentación, microbiota y regulación de la inflamación. 3ª parte

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Alimentación, microbiota y regulación de la inflamación

La alimentación es uno de los puntos más importantes en el control del equilibrio ecológico. Como ya se ha nombrado anteriormente, este ecosistema hospedador-microbiota-parásitos tiene importantes repercusiones en la función inmunitaria y metabólica. Cada vez más, los estudios relacionan los cambios producidos en el ecosistema de microbios y parásitos gastrointestinales -consecuencia de intervenciones dietéticas- con efectos beneficiosos en patologías como obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 o patología cardiovascular (49).

 

Diferentes dietas se están estudiando en relación a la microbiota intestinal. En un ensayo clínico con 80 sujetos con sobrepeso u obesidad, el grupo de intervención llevó a cabo una dieta rica en cereales integrales durante 8 semanas (50), dando como resultado, entre otros marcadores, una reducción de TNF alfa correlacionada con un incremento de Bacteroides y Lactobacillus en la microbiota fecal. Es cierto, sin embargo, que en otro estudio cruzado de 6 semanas de intervención con un periodo de blanqueo de 4 semanas, no se encontraron resultados significativos respecto al grupo control (51). Los participantes consumieron 2 tipos de dieta, una rica en cereales integrales (> 80 g / d) y otra baja en cereales integrales (<16 g / d) y rica en cereales refinados. En otro estudio cruzado (52), esta vez con un tiempo de intervención de 10 semanas en cada etapa, se comparó una dieta rica en cereales integrales con una dieta rica en carne roja. En este caso, los resultados enseñaban que había una mejora en la microbiota durante el periodo de dieta rica en cereales integrales.

Otra dieta estudiada ha sido la dieta baja en FODMAP’s (fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols). Se comparó una dieta baja en FODMAP’s con una dieta típica Australiana en un estudio cruzado, en el que tanto los períodos de intervención como el de blanqueo fueron de 21 días (53). Al final del estudio vieron como la dieta baja en FODMAP’s aumentaba la diversidad microbiana y reducía la cantidad total de bacterias, mientras que la dieta típica Australiana aumentó la cantidad de butirato producido por el Clostridium y el moco asociado a Akkermansia muciniphila.

 

En otro trabajo publicado por el equipo de investigación de la Dra. Sanz de la Universidad de Valencia (54), se concluyó que una dieta libre de gluten no sólo conlleva modificaciones en el ecosistema microbiano, sino que también da lugar a una mejora en marcadores inflamatorios como TNF alfa, IFN gamma, IL 10 e IL 8.

Probablemente, la dieta más estudiada y considerada más sana es la dieta Mediterránea. En diferentes estudios se ha visto como esta dieta, por su contenido en ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados, fibra y antioxidantes, tiene importantes beneficios en la prevención de aparición de eventos cardiovasculares y participa en el mantenimiento de un ecosistema microbiano saludable (55-57). En pacientes con síndrome metabólico se realizó un estudio de intervención durante dos años, comparando una dieta mediterránea con una dieta baja en grasas y rica en carbohidratos (58). Los resultados del trabajo de investigación enseñaron que el consumo de largo plazo de una dieta mediterránea recupera parcialmente la población de Parabacteroides distasonis, Bacteroides thetaiotaomicron, Faecalibacterium prausnitzii, Bifidobacterium adolescentes y Bifidobacterium longum en pacientes con síndrome metabólico.

 

La dieta Mediterránea mejora la sensibilidad a la insulina de las personas con obesidad

 

Estos resultados sugieren que la dieta Mediterránea podría ser útil para repoblar la microbiota con microorganismos beneficiosos. El mismo autor de este estudio, comparó en otra investigación durante un año con pacientes con obesidad, una dieta mediterránea con una dieta baja en grasas y rica en carbohidratos complejos (59). En este caso los resultados mostraron un incremento de Parabacteroides distasonis y Faecalibacterium prausnitzii, correlacionado con una mejora de la sensibilidad a la insulina en los dos grupos de pacientes.

Uno de los parámetros considerados más beneficiosos de la dieta Mediterránea es el elevado contenido en polifenoles que contiene. Aunque estas moléculas no se absorben a nivel intestinal, cuando llegan al colon, son metabolizadas por la microbiota intestinal dando lugar a diferentes ácidos fenólicos que reducen la liberación de citoquinas por parte de células sanguíneas periféricas mononucleares estimuladas por lipopolissacàrids ( 60).

 

Paralelamente, algunos estudios observacionales han puesto su foco de atención en sociedades cazadoras-recolectoras como por ejemplo los Hadza de Tanzania, para estudiar la biodiversidad de su ecosistema microbiano, comparando el microbioma de la tribu Hadza con otras comunidades africanas agrícolas y también con población urbana italiana y de Estados Unidos. Las conclusiones del estudio son que la biodiversidad que presenta esta tribu de cazadores-recolectores, por un lado es mucho mayor que los individuos italianos y de Estados Unidos, pero por otro lado también es mayor que las comunidades agrícolas africanas con las que se comparan en el estudio (61).

En otros trabajos de revisión bibliográfica, se plantea un posible efecto beneficioso de una alimentación libre de productos industriales, cereales, lácteos y legumbres. (62-64). En esta línea, los alimentos con un alto contenido de carbohidrato acelular como los que se consumen habitualmente en la dieta occidental clásica, también pueden impedir una biodiversidad óptima de la microbiota y favorecer la proliferación de poblaciones bacterianas potencialmente patógenas (65).

 

Esta diferencia de biodiversidad microbiana entre las comunidades africanas agrícolas y las cazadoras-recolectoras, junto con los resultados positivos obtenidos en las investigaciones de la dieta Mediterránea, sobre todo por su alto contenido en polifenoles y fibra, plantean la posibilidad de que una dieta basada en vegetales, fruta, pescado, marisco, carne y huevos y sin alimentos refinados ni productos industriales, así como también sin cereales, lácteos y legumbres, pueda ser el contexto evolutivo idóneo para el ecosistema de microorganismos y parásitos que el cuerpo humano necesita para mantener la salud.

 

 

David Vargas Barrientos

Graduado en Fisioterapia

Máster en Psiconeuroinmunología

Máster en Biología Molecular y Biomedicina

Profesor y codirector del Postgrado Experto Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera.

 

 

  1. Fallucca F, Fontana L, Fallucca S, Pianesi M. Gut microbiota and Ma-Pi 2 macrobiotic diet in the treatment of type 2 diabetes. World J Diabetes. 2015;6(3):403–11.
  2. Vitaglione P, Mennella I, Ferracane R, Rivellese AA, Giacco R, Ercolini D, et al. Whole-grain wheat consumption reduces inflammation in a randomized controlled trial on overweight and obese subjects with unhealthy dietary and lifestyle behaviors: Role of polyphenols bound to cereal dietary fiber. Am J Clin Nutr. 2015;101(2):251–61.
  3. Ampatzoglou A, Atwal KK, Maidens CM, Williams CL, Ross AB, Thielecke F, et al. Increased Whole Grain Consumption Does Not Affect Blood Biochemistry, Body Composition, or Gut Microbiology in Healthy, Low-Habitual Whole Grain Consumers. J Nutr. 2015;145(2):215–21.
  4. Foerster J, Maskarinec G, Reichardt N, Tett A, Narbad A, Blaut M, et al. The influence of whole grain products and red meat on intestinal microbiota composition in normal weight adults: A randomized crossover intervention trial. PLoS One. 2014;9(10):1–9.
  5. Halmos EP, Christophersen CT, Bird AR, Shepherd SJ, Gibson PR, Muir JG. 246. Diets that differ in their FODMAP content alter the colonic luminal microenvironment. Gut. 2015;64(1):93–100.
  6. De Palma G, Nadal I, Collado MC, Sanz Y. Effects of a gluten-free diet on gut microbiota and immune function in healthy adult human subjects. Br J Nutr. 2009;102:1154–60.
  7. Montemurno E, Cosola C, Dalfino G, Daidone G, De Angelis M, Gobbetti M, et al. What would you like to eat, Mr CKD microbiota? A mediterranean diet, please! Kidney Blood Press Res. 2014;39:114–23.
  8. Del Chierico F, Vernocchi P, Dallapiccola B, Putignani L. Mediterranean diet and health: food effects on gut microbiota and disease control. Int J Mol Sci. 2014;15(7):11678–99.
  9. Estruch R, Ros E, Salas-Salvadó J, Covas M-I, Corella D, Arós F, et al. Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet. N Engl J Med. 2013;368(14):1279–90.
  10. Haro C, Garcia-Carpintero S, Alcala-Diaz JF, Gomez-Delgado F, Delgado-Lista J, Perez-Martinez P, et al. The gut microbial community in metabolic syndrome patients is modified by diet. J Nutr Biochem. Elsevie Inc.; 2015;27:27–31.
  11. Haro C, Montes-Borrego M, Rangel-Zúñiga OA, Alcalá-Díaz JF, Gómez-Delgado F, Pérez-Martínez P, et al. Two Healthy Diets Modulate Gut Microbial Community Improving Insulin Sensitivity in a Human Obese Population. J Clin Endocrinol Metab. 2016; 101(1):233–42.
  12. Monagas M, Khan N, Andrés-Lacueva C, Urpí-Sardá M, Vázquez-Agell M, Lamuela-Raventós RM, et al. Dihydroxylated phenolic acids derived from microbial metabolism reduce lipopolysaccharide-stimulated cytokine secretion by human peripheral blood mononuclear cells. Br J Nutr. 2009;102:201–6.
  13. Schnorr SL, Candela M, Rampelli S, Centanni M, Consolandi C, Basaglia G, et al. Gut microbiome of the Hadza hunter-gatherers. Nat Commun. 2014;5:3654.
  14. Frost GS, Walton GE, Swann JR, Psichas A, Costabile A, Johnson LP, et al. Impacts of plant-based foods in ancestral hominin diets on the metabolism and function of gut microbiota in vitro. MBio. 2014;5(3):1–11.
  15. Logan AC, Katzman MA, Balanzá-Martínez V. Natural environments, ancestral diets, and microbial ecology: is there a modern “paleo-deficit disorder”? Part II. J Physiol Anthropol. 2015;34(1):9.
  16. Quercia S, Candela M, Giuliani C, Turroni S, Luiselli D, Rampelli S, et al. From lifetime to evolution: Timescales of human gut microbiota adaptation. Front Microbiol. 2014;5:1–9.
  17. Spreadbury I. Comparison with ancestral diets suggests dense acellular carbohydrates promote an inflammatory microbiota, and may be the primary dietary cause of leptin resistance and obesity. Diabetes, Metab Syndr Obes Targets Ther. 2012;5:175–89.

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Alimentación, microbiota y regulación de la inflamación

La alimentación es uno de los puntos más importantes en el control del equilibrio ecológico. Como ya se ha nombrado anteriormente, este ecosistema hospedador-microbiota-parásitos tiene importantes repercusiones en la función inmunitaria y metabólica. Cada vez más, los estudios relacionan los cambios producidos en el ecosistema de microbios y parásitos gastrointestinales -consecuencia de intervenciones dietéticas- con efectos beneficiosos en patologías como obesidad, resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 o patología cardiovascular (49).

 

Diferentes dietas se están estudiando en relación a la microbiota intestinal. En un ensayo clínico con 80 sujetos con sobrepeso u obesidad, el grupo de intervención llevó a cabo una dieta rica en cereales integrales durante 8 semanas (50), dando como resultado, entre otros marcadores, una reducción de TNF alfa correlacionada con un incremento de Bacteroides y Lactobacillus en la microbiota fecal. Es cierto, sin embargo, que en otro estudio cruzado de 6 semanas de intervención con un periodo de blanqueo de 4 semanas, no se encontraron resultados significativos respecto al grupo control (51). Los participantes consumieron 2 tipos de dieta, una rica en cereales integrales (> 80 g / d) y otra baja en cereales integrales (<16 g / d) y rica en cereales refinados. En otro estudio cruzado (52), esta vez con un tiempo de intervención de 10 semanas en cada etapa, se comparó una dieta rica en cereales integrales con una dieta rica en carne roja. En este caso, los resultados enseñaban que había una mejora en la microbiota durante el periodo de dieta rica en cereales integrales.

Otra dieta estudiada ha sido la dieta baja en FODMAP’s (fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols). Se comparó una dieta baja en FODMAP’s con una dieta típica Australiana en un estudio cruzado, en el que tanto los períodos de intervención como el de blanqueo fueron de 21 días (53). Al final del estudio vieron como la dieta baja en FODMAP’s aumentaba la diversidad microbiana y reducía la cantidad total de bacterias, mientras que la dieta típica Australiana aumentó la cantidad de butirato producido por el Clostridium y el moco asociado a Akkermansia muciniphila.

 

En otro trabajo publicado por el equipo de investigación de la Dra. Sanz de la Universidad de Valencia (54), se concluyó que una dieta libre de gluten no sólo conlleva modificaciones en el ecosistema microbiano, sino que también da lugar a una mejora en marcadores inflamatorios como TNF alfa, IFN gamma, IL 10 e IL 8.

Probablemente, la dieta más estudiada y considerada más sana es la dieta Mediterránea. En diferentes estudios se ha visto como esta dieta, por su contenido en ácidos grasos poliinsaturados y monoinsaturados, fibra y antioxidantes, tiene importantes beneficios en la prevención de aparición de eventos cardiovasculares y participa en el mantenimiento de un ecosistema microbiano saludable (55-57). En pacientes con síndrome metabólico se realizó un estudio de intervención durante dos años, comparando una dieta mediterránea con una dieta baja en grasas y rica en carbohidratos (58). Los resultados del trabajo de investigación enseñaron que el consumo de largo plazo de una dieta mediterránea recupera parcialmente la población de Parabacteroides distasonis, Bacteroides thetaiotaomicron, Faecalibacterium prausnitzii, Bifidobacterium adolescentes y Bifidobacterium longum en pacientes con síndrome metabólico.

 

La dieta Mediterránea mejora la sensibilidad a la insulina de las personas con obesidad

 

Estos resultados sugieren que la dieta Mediterránea podría ser útil para repoblar la microbiota con microorganismos beneficiosos. El mismo autor de este estudio, comparó en otra investigación durante un año con pacientes con obesidad, una dieta mediterránea con una dieta baja en grasas y rica en carbohidratos complejos (59). En este caso los resultados mostraron un incremento de Parabacteroides distasonis y Faecalibacterium prausnitzii, correlacionado con una mejora de la sensibilidad a la insulina en los dos grupos de pacientes.

Uno de los parámetros considerados más beneficiosos de la dieta Mediterránea es el elevado contenido en polifenoles que contiene. Aunque estas moléculas no se absorben a nivel intestinal, cuando llegan al colon, son metabolizadas por la microbiota intestinal dando lugar a diferentes ácidos fenólicos que reducen la liberación de citoquinas por parte de células sanguíneas periféricas mononucleares estimuladas por lipopolissacàrids ( 60).

 

Paralelamente, algunos estudios observacionales han puesto su foco de atención en sociedades cazadoras-recolectoras como por ejemplo los Hadza de Tanzania, para estudiar la biodiversidad de su ecosistema microbiano, comparando el microbioma de la tribu Hadza con otras comunidades africanas agrícolas y también con población urbana italiana y de Estados Unidos. Las conclusiones del estudio son que la biodiversidad que presenta esta tribu de cazadores-recolectores, por un lado es mucho mayor que los individuos italianos y de Estados Unidos, pero por otro lado también es mayor que las comunidades agrícolas africanas con las que se comparan en el estudio (61).

En otros trabajos de revisión bibliográfica, se plantea un posible efecto beneficioso de una alimentación libre de productos industriales, cereales, lácteos y legumbres. (62-64). En esta línea, los alimentos con un alto contenido de carbohidrato acelular como los que se consumen habitualmente en la dieta occidental clásica, también pueden impedir una biodiversidad óptima de la microbiota y favorecer la proliferación de poblaciones bacterianas potencialmente patógenas (65).

 

Esta diferencia de biodiversidad microbiana entre las comunidades africanas agrícolas y las cazadoras-recolectoras, junto con los resultados positivos obtenidos en las investigaciones de la dieta Mediterránea, sobre todo por su alto contenido en polifenoles y fibra, plantean la posibilidad de que una dieta basada en vegetales, fruta, pescado, marisco, carne y huevos y sin alimentos refinados ni productos industriales, así como también sin cereales, lácteos y legumbres, pueda ser el contexto evolutivo idóneo para el ecosistema de microorganismos y parásitos que el cuerpo humano necesita para mantener la salud.

 

 

David Vargas Barrientos

Graduado en Fisioterapia

Máster en Psiconeuroinmunología

Máster en Biología Molecular y Biomedicina

Profesor y codirector del Postgrado Experto Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera.

 

 

  1. Fallucca F, Fontana L, Fallucca S, Pianesi M. Gut microbiota and Ma-Pi 2 macrobiotic diet in the treatment of type 2 diabetes. World J Diabetes. 2015;6(3):403–11.
  2. Vitaglione P, Mennella I, Ferracane R, Rivellese AA, Giacco R, Ercolini D, et al. Whole-grain wheat consumption reduces inflammation in a randomized controlled trial on overweight and obese subjects with unhealthy dietary and lifestyle behaviors: Role of polyphenols bound to cereal dietary fiber. Am J Clin Nutr. 2015;101(2):251–61.
  3. Ampatzoglou A, Atwal KK, Maidens CM, Williams CL, Ross AB, Thielecke F, et al. Increased Whole Grain Consumption Does Not Affect Blood Biochemistry, Body Composition, or Gut Microbiology in Healthy, Low-Habitual Whole Grain Consumers. J Nutr. 2015;145(2):215–21.
  4. Foerster J, Maskarinec G, Reichardt N, Tett A, Narbad A, Blaut M, et al. The influence of whole grain products and red meat on intestinal microbiota composition in normal weight adults: A randomized crossover intervention trial. PLoS One. 2014;9(10):1–9.
  5. Halmos EP, Christophersen CT, Bird AR, Shepherd SJ, Gibson PR, Muir JG. 246. Diets that differ in their FODMAP content alter the colonic luminal microenvironment. Gut. 2015;64(1):93–100.
  6. De Palma G, Nadal I, Collado MC, Sanz Y. Effects of a gluten-free diet on gut microbiota and immune function in healthy adult human subjects. Br J Nutr. 2009;102:1154–60.
  7. Montemurno E, Cosola C, Dalfino G, Daidone G, De Angelis M, Gobbetti M, et al. What would you like to eat, Mr CKD microbiota? A mediterranean diet, please! Kidney Blood Press Res. 2014;39:114–23.
  8. Del Chierico F, Vernocchi P, Dallapiccola B, Putignani L. Mediterranean diet and health: food effects on gut microbiota and disease control. Int J Mol Sci. 2014;15(7):11678–99.
  9. Estruch R, Ros E, Salas-Salvadó J, Covas M-I, Corella D, Arós F, et al. Primary prevention of cardiovascular disease with a Mediterranean diet. N Engl J Med. 2013;368(14):1279–90.
  10. Haro C, Garcia-Carpintero S, Alcala-Diaz JF, Gomez-Delgado F, Delgado-Lista J, Perez-Martinez P, et al. The gut microbial community in metabolic syndrome patients is modified by diet. J Nutr Biochem. Elsevie Inc.; 2015;27:27–31.
  11. Haro C, Montes-Borrego M, Rangel-Zúñiga OA, Alcalá-Díaz JF, Gómez-Delgado F, Pérez-Martínez P, et al. Two Healthy Diets Modulate Gut Microbial Community Improving Insulin Sensitivity in a Human Obese Population. J Clin Endocrinol Metab. 2016; 101(1):233–42.
  12. Monagas M, Khan N, Andrés-Lacueva C, Urpí-Sardá M, Vázquez-Agell M, Lamuela-Raventós RM, et al. Dihydroxylated phenolic acids derived from microbial metabolism reduce lipopolysaccharide-stimulated cytokine secretion by human peripheral blood mononuclear cells. Br J Nutr. 2009;102:201–6.
  13. Schnorr SL, Candela M, Rampelli S, Centanni M, Consolandi C, Basaglia G, et al. Gut microbiome of the Hadza hunter-gatherers. Nat Commun. 2014;5:3654.
  14. Frost GS, Walton GE, Swann JR, Psichas A, Costabile A, Johnson LP, et al. Impacts of plant-based foods in ancestral hominin diets on the metabolism and function of gut microbiota in vitro. MBio. 2014;5(3):1–11.
  15. Logan AC, Katzman MA, Balanzá-Martínez V. Natural environments, ancestral diets, and microbial ecology: is there a modern “paleo-deficit disorder”? Part II. J Physiol Anthropol. 2015;34(1):9.
  16. Quercia S, Candela M, Giuliani C, Turroni S, Luiselli D, Rampelli S, et al. From lifetime to evolution: Timescales of human gut microbiota adaptation. Front Microbiol. 2014;5:1–9.
  17. Spreadbury I. Comparison with ancestral diets suggests dense acellular carbohydrates promote an inflammatory microbiota, and may be the primary dietary cause of leptin resistance and obesity. Diabetes, Metab Syndr Obes Targets Ther. 2012;5:175–89.

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